Establecí "campamento base" en Norfolk, ciudad natal del General MacArthur, todo un pedazo de general de pata negra, pero pronto pusimos rumbo a Washington D.C. El hecho de estar viendo constantemente una ciudad en televisión y las películas siempre provoca en mí una sensación extraña cuando la voy a visitar. Me da miedo que me decepcione. No me pasó eso con Washington.
El poder sacarse la foto en el Capitolio (irremediablemente una recuerda esa escena de Mars Attacks! en la que lo vuelan) o en la Casa Blanca (tantas y tantas veces vista en todas partes, que tiene una la sensación de haber estado viviendo allí una temporada). Sin embargo lo que más me apetecía ver era el Lincoln Memorial, sentarme en esas escaleras y disfrutar de la vista. Mirar al flaco a los ojos. Además, eso de ir en plena campaña electoral hizo que presenciara el típico acto electoral pro-Obama, del que por supuesto me traje esa chapa que ya vieron.
No estuvo tampoco mal eso de tomarse un brunch el domingo cerca de Dupont Circle y pasearse por el peculiar barrio de Adams Morgan, colorista, mestizo y muy en la línea del Notting Hill londinense. Calor insoportable que hacía, se lo garantizo, en mi vida.
Ese viaje sirvió también para visitar la vieja Colonial Williamsburg, vuelta a las Colonias, día colonial, donde paseé entre colonos, vi tiendas coloniales, comí dulces coloniales, y me traje un libro de cocina colonial del que salen unas deliciosas galletas de azucar coloniales. ¿He dicho que era todo muy colonial?
Y gracias a mis anfitriones, atentos siempre, a los que se echa de menos y que espero por aquí. Buena gente de verdad.
Sé que les he contado poco, se me irán ocurriendo cosas e historias poco a poco, recuperaré fotos y les contaré las sensaciones que me recorrían cuando las saqué. Todo a su tiempo. Un exceso tanto post en tan pocos días.
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